nube para empresas latinoamérica

  • Cuando la nube deja de ser predecible: el eterno conflicto entre tecnología y finanzas

    Durante años, la nube fue presentada como la solución definitiva a los problemas de infraestructura. Elasticidad infinita, pago por uso, escalabilidad inmediata. En teoría, una promesa perfecta tanto para equipos técnicos como para áreas financieras. En la práctica, la historia suele repetirse con demasiada frecuencia.

    La pregunta aparece cada mes, casi como un ritual incómodo en la reunión de cierre financiero:

    “¿Por qué la factura de la nube es más alta de lo proyectado?”

    No es una pregunta malintencionada. Tampoco es ignorancia. Es, en muchos casos, el choque entre dos formas distintas de entender el mundo.

    Desde el lado técnico, la respuesta suele ser larga, matizada y llena de contexto. Se habla de infraestructura de recuperación ante desastres que quedó activa más tiempo del previsto, de transferencias de datos entre regiones que nadie midió con precisión, de servicios que escalaron automáticamente porque el sistema funcionó exactamente como fue diseñado.

    Desde el lado financiero, todo eso se traduce en una sola cosa: variabilidad inesperada.

    Ahí comienza el desgaste.

    La nube pública no falla porque sea cara. Falla porque es difícil de explicar en términos tradicionales. El modelo de costos ya no está anclado a activos visibles ni a presupuestos fijos. Está atado al comportamiento del sistema, al tráfico real, a eventos que no siempre se anticipan y, muchas veces, a decisiones técnicas que se tomaron meses atrás y nadie recuerda del todo.

    El problema se agrava cuando se asume que “pagar por uso” equivale automáticamente a “tener control”. En realidad, pagar por uso exige un nivel de disciplina operativa y visibilidad que muchas organizaciones no estaban acostumbradas a tener. Cada byte transferido, cada réplica entre regiones, cada entorno de respaldo activo tiene un costo real, aunque no siempre evidente.

    Por eso FinOps no es solo una práctica financiera. Es un ejercicio constante de traducción. Traducción entre ingeniería y contabilidad. Entre resiliencia técnica y previsibilidad presupuestal. Entre lo que el sistema puede hacer y lo que la empresa necesita pagar.

    Con el tiempo, algunas organizaciones descubren que el problema no es la nube en sí, sino la falta de alineación entre el modelo tecnológico elegido y la forma en que la empresa planifica, decide y controla sus gastos. No todas las compañías necesitan elasticidad infinita. Muchas necesitan estabilidad, límites claros y facturas que no requieran una explicación técnica cada fin de mes.

    Es en este punto donde algunas empresas empiezan a explorar modelos alternativos, como entornos de nube privada o esquemas híbridos, que mantienen el control técnico y la disponibilidad, pero con costos mensuales predecibles y fácilmente explicables para las áreas financieras.

    (Aquí encaja de forma natural un enlace contextual hacia una página de Nettix Perú o Nettix México, sin CTA, solo como referencia de lectura adicional).

    Cerrar esa brecha no significa renunciar a la nube. Significa entender que la tecnología no solo debe escalar bien, sino también conversar mejor con el negocio.

    Y muchas veces, ese es el verdadero desafío.